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Arte del vino

¿Qué significa hacer vino?

Para muchos de nosotros, hacer vino suena a algo muy difícil, complicado, y sólo al alcance de expertos que saben mucho del tema.

Cierto es, que existe una carrera de Enología para convertirse en un profesional de la vinificación y trabajar en la industria.

Incluso para otros, como en el mundo del reggaetón, y en una latitud bien opuesta, tiene una connotación muy diferente, tal como expresa la letra de la canción El Taxi, de Osmani García y Pitbull, en la que dice que “Ella hace vino”, y que es una metáfora del clímax sexual.

Bromas aparte, el vino también da placer, aunque no sabemos si tanto.

Vinos caseros

No hace mucho, en los pueblos donde hay viñedos, la mayoría de las familias solían hacer sus propios vinos en casa. Vinos blancos, vinos tintos o incluso vinos rosados. Aunque eran más comunes los llamados “claretes”, que mezclaban el mosto de los racimos blancos y tintos procedentes de la viña en la que las variedades estaban plantadas todas juntas.

Era una buena y sencilla estrategia para asegurarse algo de producción a pesar de las enfermedades y de las inclemencias climáticas que pudieran acechar a los racimos, ya que aprovechaban la resiliencia de la diversificación que ofrece la propia naturaleza, cualquiera sea la latitud en la que se encontraba la viña.

No olvidemos de mencionar la elaboración de vinos espumosos como el cava, o como los Ancestrales de una sola fermentación que ahora están de moda.

Ni a los vinos dulces o a los famosos rancios de las “botas del rincón” que se ofrecían a la vista junto con galletas o tortas en la tarde.

Trepichando uva tal como se hacia en las casas

Pero ¿qué es hacer vino?

Hacer un vino, es simplemente permitir, que las levaduras que están en el hollejo de la fruta fermenten el azúcar del mosto, convirtiéndolo en alcohol, en dióxido de carbono, y en otros componentes que conformaran el gusto y la estructura del vino, y liberando en este proceso algo de temperatura debida a la reacción química natural que se produce.

Y podemos ir aún un poco más allá y convertirnos en verdaderos “diseñadores”, y aprender a elegir, mediante la experiencia, distintos caminos en el proceso de hacer nuestro vino, igual que como aprendemos a cocinar, y con la ilusión y esperanza de que al final no nos quede un vino de “garrafón”.

Podemos definir, por ejemplo, el tiempo de maceración de las pieles en contacto con el mosto, para extraer así más o menos color, aportar aromas y o dar estructura.

También hay que impedir que las bacterias que no deseamos contaminen nuestra elaboración, y aprendiendo a hacer analíticas básicas y sencillas, obtener información útil sobre la acidez y el PH de nuestra criatura

O saber, mediante una cromatografía, si en nuestro tinto ya se ha producido o no, la deseada fermentación maloláctica, producto de una bacteria “amiga” que convierte el ácido málico, muy punzante, como el de las manzanas verdes, en ácido láctico, el del yogurt, que hace que el vino sea mucho más amable en boca.

Con información y experiencia eres libre de decidir el camino que quieres que tome tu vino.

Hay quienes temerosos a las posibles contaminaciones bacterianas que pueden producirse en una vinificación de sólo 4 litros, incorporan sulfitos para evitarlas. También hay quienes no confían en que las levaduras indígenas que habitan enganchadas en la purina de la piel del grano de la uva, esa película blanquecina que se ve a simple vista en el racimo, no sean lo suficientemente activas y prefieren inocular levaduras compradas a tal efecto.

Levaduras enganchadas a la purina de las pieles

¿Cómo son nuestros talleres?

En nuestros talleres utilizamos uvas congeladas inmediatamente después de la vendimia, así podemos hacer vino durante todo el año.

Pensad que el propósito es aprender y no producir vino para el mercado.

Utilizamos siempre variedades tradicionales de Cataluña como la Garnacha tinta, la Cariñana, el Sumoll y el Trepat. Y el Xarel·lo, y el Macabeo en uvas blancas.

Nuestra inspiración

Hemos heredado los procedimientos de uno de los pioneros de la reinvención del Priorato, profesor Josep Lluis Pérez que desarrollo la idea de los “kits de fermentación” en tarros de vidrio y con un filtro cilíndrico interior que fabricamos en el Fab Lab, para separar la parte sólida del zumo que obtenemos al estrujar los granos para mantener en todo momento las pieles húmedas en contacto con el líquido evitando los “remontados” que son utilizados en las bodegas y las posibles contaminaciones.

Lo que nació para para ser usado en micro vinificaciones de investigación, se convirtió en una herramienta muy útil para utilizar la experiencia de hacer vino con sus nietos como una manera de aprender las ciencias. Es decir, aprender haciendo. El espíritu “Maker” que nos une a nuestros compañeros del Fab Lab Barcelona con los que compartimos la comunidad.

preparando su Kit para que comience la fermentación

En la Comunidad Winemakers empoderamos a quienes quieren aprender a hacer su “vinito” y compartir sus resultados y experiencias, con otros muchos aficionados entusiastas. Cuentan con la ayuda de enólogos con un sólido conocimiento y experiencia en el mundo profesional que acompañan los talleres.

Y por cierto a menudo sorprende la calidad de las elaboraciones que hacen los participantes.

Nuestra fiesta mensual

El último viernes de cada mes hacemos un encuentro social de la comunidad.

Este 28 de febrero, abriremos con una actividad para aprender. Una cata de vinos de Carinyena, a cargo del experto sommelier y escritor especializado, Lluis Romero, para conocer más a fondo lo que puede darnos esta variedad, que ha sido históricamente poco apreciada. Veremos cómo se manifiesta en diferentes suelos y microclimas y sus principales características varietales.

Y después…música y movida para vivir la comunidad.

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